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Museo Etnolúdico de Galicia (MELGA)

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El Museo Etnolúdico de Galicia (MELGA): El Guardián de la Memoria del Juego Tradicional

En el corazón de la comarca de Bergantiños, concretamente en la localidad coruñesa de Ponteceso, se erige una institución verdaderamente singular que custodia uno de los tesoros más universales y, a la vez, más frágiles de la humanidad: la forma en que jugábamos. El Museo Etnolúdico de Galicia, conocido cariñosamente por sus siglas como MELGA, no es un museo convencional donde el silencio y las vitrinas de cristal imponen distancia. Al contrario, es un santuario vivo del patrimonio lúdico, un lugar donde el eco de las risas del pasado resuena en cada rincón, protegiendo con celo la historia de los juegos, los deportes tradicionales y los juguetes que formaron el carácter y la identidad de innumerables generaciones.

La historia de la fundación del MELGA está indisolublemente ligada a la inagotable pasión de su creador y actual director, el profesor, investigador y coleccionista Ricardo Pérez y Verdes. Durante más de cuatro décadas, Pérez y Verdes dedicó su vida a recorrer no solo la geografía gallega y española, sino el mundo entero, con un propósito claro y urgente: rescatar del olvido aquellas piezas lúdicas que la arrolladora modernidad estaba a punto de sepultar. Tras años de atesorar miles de objetos en almacenes y garajes, y movido por el profundo deseo de devolver este patrimonio a la sociedad, impulsó la creación de la Fundación Ricardo Pérez y Verdes. Finalmente, gracias a su inquebrantable perseverancia y al apoyo de la comunidad, el MELGA abrió sus puertas en octubre de 2013, emplazado en el Centro Cultural de Ponteceso, convirtiéndose en un referente europeo de la etnología del juego.

Lo que esta institución preserva y protege es asombroso tanto en volumen como en diversidad. El museo alberga una colección astronómica que supera las 14.000 piezas, de las cuales varios miles se exhiben de forma permanente en sus amplias salas. El visitante que se adentra en el MELGA emprende un viaje cronológico fascinante que abarca desde la prehistoria hasta la era contemporánea. Sus archivos y estanterías custodian desde rudimentarios tableros de juego tallados en piedra y juguetes de época romana, hasta un exhaustivo catálogo de juegos tradicionales de la cultura gallega y universal. Allí descansan peonzas de infinitas formas y maderas, aros, zancos, canicas de barro y cristal, elaborados carros de bolas, y los implementos originales de deportes ancestrales como la billarda o la chave. Cada artefacto está meticulosamente clasificado, no solo como un mero objeto físico, sino como un documento antropológico de primer orden que explica cómo las comunidades socializaban, aprendían y se relacionaban con su entorno.

Las historias que dan vida a este museo nacen de su naturaleza profundamente interactiva, ya que el MELGA defiende la filosofía de "prohibido no tocar". Las anécdotas más entrañables ocurren casi a diario en sus instalaciones, especialmente cuando grupos de escolares coinciden con visitantes de la tercera edad. Es habitual presenciar cómo a los abuelos se les llenan los ojos de lágrimas de nostalgia al sostener de nuevo un juguete de hojalata o madera idéntico al que fue su único tesoro durante su niñez. En este espacio mágico, la jerarquía del conocimiento se invierte: son los mayores quienes, con manos expertas y memoria afilada, enseñan a los niños del siglo XXI cómo hacer bailar una peonza tradicional o cómo saltar a la rayuela. El propio fundador suele ejercer de guía apasionado, retando a los visitantes a probar su destreza en las pistas del museo, convirtiendo la visita en una experiencia intergeneracional donde el objeto recupera su alma al ser utilizado de nuevo.

La trascendencia del MELGA para la comunidad local y el patrimonio nacional español es incalculable. En una época dominada casi en exclusiva por el ocio digital y el aislamiento de las pantallas, los juegos tradicionales corren un riesgo crítico de extinción. Estos juegos no eran simples pasatiempos; eran verdaderas escuelas de vida que enseñaban psicomotricidad, trabajo en equipo, resolución de conflictos, respeto inquebrantable a las normas no escritas y un uso creativo y sostenible de los recursos naturales del entorno. Si el titánico trabajo de conservación, investigación y divulgación que realiza el MELGA no existiera, perderíamos un eslabón fundamental de nuestra identidad cultural colectiva. Desaparecería un lenguaje universal, táctil y humano con el que nuestros antepasados se comunicaron durante siglos.

Este artículo ha sido inspirado en parte por recuerdos personales vinculados al Museo Etnolúdico de Galicia (MELGA) que fueron recientemente preservados a través de trabajos de digitalización. La historia de nuestras tradiciones lúdicas no solo se salvaguarda en las vitrinas de los museos, sino en las imágenes de archivo capturadas por las familias mientras jugaban en las calles y plazas de sus pueblos. Si alguien conserva fotografías antiguas, metraje en cine o grabaciones caseras conectadas a esta organización o a la cultura del juego tradicional que protege, servicios profesionales como EachMoment pueden ayudar a asegurar que estos testimonios invaluables sobrevivan para el disfrute y aprendizaje de las futuras generaciones.

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