Farmàcia Hereus Torras Surroca
HeritageFarmàcia Hereus Torras Surroca: casi 150 años de historia viva en el corazón de Badalona
Hay un punto en el Carrer del Mar de Badalona donde el tiempo se pliega sobre sí mismo. La luz de la mañana mediterránea entra por unos cristales emplomados que llevan casi un siglo filtrando el sol, y dentro, el aroma tenue de esencias y fórmulas magistrales se mezcla con algo más antiguo: la memoria. Aquí, en el número 76 de la calle más emblemática de la ciudad, la Farmàcia Hereus Torras Surroca lleva abriendo sus puertas desde 1878. No como museo, no como reliquia: como farmacia en activo, atendiendo a sus vecinos igual que lo hacía cuando Alfonso XII aún reinaba en España.

Los orígenes: una botica en la calle hacia el mar
En 1878, Badalona era una ciudad que miraba en dos direcciones a la vez. Hacia arriba, el casco antiguo de Dalt de la Vila; hacia abajo, el barrio costero de Baix a Mar, con sus casas de badiu —esas viviendas badalonesas tan características con porche abierto— y sus calles que olían a sal. El Carrer del Mar era la arteria que unía ambos mundos, el camino natural desde la Plaça de la Vila hasta la Rambla y el Mediterráneo. Fue en este pasaje vital, entre vecinos, comerciantes y pescadores, donde la familia Torras Surroca decidió abrir su farmacia.
La botica nació en una época en que el farmacéutico no era simplemente un dispensador de medicamentos. Era consejero, confidente, a veces el primer recurso médico del barrio. La Farmàcia Surroca —como la conocían entonces— se integró rápidamente en el tejido social de la calle, convirtiéndose con los años en la farmacia más antigua del Carrer del Mar, un título que conserva hasta hoy.
La mano de Joan Amigó: Art Déco para una botica centenaria
Si la farmacia hubiese conservado su aspecto decimonónico, ya sería notable. Pero lo que la convierte en una joya patrimonial es la intervención que vivió en 1930 de la mano del arquitecto más importante que ha dado Badalona: Joan Amigó i Barriga.
Amigó, nacido en la ciudad en 1875, fue el máximo representante del modernismo badalonés. Formado en la Escuela Técnica de Arquitectura de Barcelona y marcado por las corrientes de la Secesión vienesa y la Escuela de Glasgow, había transformado ya el paisaje urbano de Badalona con obras como la Casa Enric Pavillard, la fábrica G. de Andreis y la iglesia de Sant Josep. En el Carrer del Mar, su huella era especialmente profunda: en 1924 había diseñado la vecina Drogueria Boter, con sus interiores de pino rojo de Finlandia y su disposición asimétrica, y la Farmàcia Serentill, de estilo clásico recargado, con relieves florales en el techo y su célebre colección de tarros de vidrio.

Cuando le llegó el turno a la Farmàcia Surroca, Amigó ya había superado su fase más ornamental. Para esta botica eligió el Art Déco: líneas más limpias, un grafismo de fachada de una corrección casi tipográfica, y unos interiores resueltos con la elegancia geométrica propia de los años treinta. Las vidrieras —esos cristales emplomados que aún hoy filtran la luz del Mediterráneo— se convirtieron en el sello distintivo del establecimiento, un juego entre transparencia y color que transformaba el acto cotidiano de entrar a comprar una aspirina en algo ligeramente ceremonial.
Un conjunto patrimonial irrepetible
Lo verdaderamente extraordinario de la Farmàcia Hereus Torras Surroca no es solo su antigüedad ni su diseño. Es su contexto. Junto con la Drogueria Boter, la Farmàcia Serentill, la Casa Prat, la antigua Ferretería Badalonesa y la Sabatería Gubern, forma parte de un conjunto de establecimientos históricos del Carrer del Mar inscritos en el Inventari del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya. Es un tramo de calle donde puede leerse, escaparate a escaparate, la evolución del comercio y la arquitectura catalanes desde finales del siglo XIX hasta los años treinta del XX.

Este patrimonio es frágil. En la misma calle, los grandes almacenes Deulofeu —que ocupaban los números 47 al 53— fueron destruidos por un incendio en septiembre de 1979. La centenaria Pastisseria Ventura cerró sus puertas el 1 de julio de 2012 tras más de cien años de servicio. Cada establecimiento histórico que desaparece hace más valiosos los que permanecen.
Lo que guardan sus paredes
Una farmacia centenaria no es solo un edificio bonito. Es un archivo involuntario. Detrás de los mostradores Art Déco, en los cajones y vitrinas que Amigó diseñó, se acumulan capas de historia farmacéutica: la evolución de los remedios, las fórmulas magistrales que se preparaban a mano, los frascos y utensilios que marcan las transiciones entre épocas. La propia denominación «Hereus» —herederos, en catalán— revela que la farmacia ha pasado de padres a hijos, de generación en generación, conservando no solo el negocio sino la vocación y el compromiso con el barrio.

Hoy, la farmacia sigue ofreciendo servicios que van desde la parafarmacia y la dermocosmética hasta la homeopatía, la fitoterapia y el consejo nutricional, además de las fórmulas magistrales que la vinculan directamente con su tradición artesanal. Abre de lunes a sábado, fiel a la rutina que ha mantenido durante casi siglo y medio.
Una calle, una farmacia, una ciudad
Visitar la Farmàcia Hereus Torras Surroca es sencillo: basta con caminar por el Carrer del Mar, la calle peatonal más importante de Badalona, y dejarse guiar por las fachadas modernistas y Art Déco hasta el número 76. Pero más allá de la visita, lo que esta farmacia representa es la posibilidad de que un negocio familiar sobreviva a guerras, crisis, incendios y modas, y siga siendo exactamente lo que fue desde el principio: el boticario del barrio.
Este artículo nació, en parte, de unas fotografías antiguas y grabaciones que salieron a la luz cuando alguien trajo sus recuerdos personales a digitalizar. Nos hizo preguntarnos cuántas historias más habrá ahí fuera —en desvanes, cajas de zapatos, armarios olvidados— conectadas con la Farmàcia Hereus Torras Surroca o con el Carrer del Mar que la rodea. Si alguien conserva material fotográfico o audiovisual antiguo vinculado a este establecimiento o su entorno, servicios como EachMoment pueden ayudar a preservarlo para las generaciones futuras.