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Castillo de Cuéllar

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M Maria C.

Castillo de Cuéllar: Siete siglos de piedra, poder y memoria

Hay un momento, justo al atardecer, en que la luz dorada de la meseta segoviana baña las torres del Castillo de Cuéllar y sus muros de sillería parecen arder. Desde lo alto de la colina que domina la villa, la fortaleza contempla el mismo paisaje de pinares que contempló cuando los canteros de Álvaro de Luna levantaron su Torre del Homenaje hace casi seis siglos. Las cigüeñas anidan en las almenas. El viento trae olor a resina. Y dentro de esos muros, donde un día hubo armaduras, calabozos y banquetes ducales, hoy suena el timbre de un instituto de secundaria. Pocas historias resumen mejor la España que se reinventa sin perder la memoria.

Castillo de Cuéllar
Photo: See Wikimedia Commons, See file page. Source

Orígenes: una fortaleza nacida de la frontera

Los cimientos del Castillo de Cuéllar se hunden más allá de lo que alcanzan los documentos. Restos de muralla de tapial del siglo XI, descubiertos durante las restauraciones del siglo XX, sugieren que ya existía aquí una fortificación primitiva cuando Cuéllar era territorio de frontera entre reinos cristianos y musulmanes. La primera mención escrita de un recinto amurallado data de 1264, bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, y la primera referencia documental al castillo como estructura aparece el 2 de octubre de 1306, en un decreto de Fernando IV. Pero fue la llegada de dos hombres extraordinarios —un condestable ambicioso y un valido real— la que transformó aquella fortaleza de piedra caliza en una de las joyas arquitectónicas de Castilla.

1306
Primera mención documental del castillo — Fernando IV firma un decreto que sitúa la fortaleza en el mapa de la historia escrita.
1433
El condestable Álvaro de Luna recibe Cuéllar de Juan II y levanta la Torre del Homenaje con el maestro Juan Guas — el castillo deja de ser fortaleza menor y se convierte en bastión de poder.
1464
Enrique IV entrega el señorío a Don Beltrán de la Cueva, primer Duque de Alburquerque — comienza la dinastía que definirá el castillo durante más de tres siglos.
1559
Rodrigo Gil de Hontañón erige la galería renacentista del patio: dieciocho arcos de bocelón en dos alturas — la fortaleza militar se rinde por fin a la belleza palaciega.
1812
El Duque de Wellington acuartela sus tropas en el castillo tras la victoria en la Batalla de Arapiles — las guerras napoleónicas vacían la gran armería en siete carros.
1931
Declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional — el Estado reconoce por fin lo que los cuellaranos siempre supieron.
1999
El XIX Duque funda la Fundación de la Casa Ducal de Alburquerque en la Torre del Homenaje — el archivo nobiliario se abre al mundo y la memoria ducal encuentra su hogar definitivo.

La era de los Duques: de fortaleza a palacio

Cuando Don Beltrán de la Cueva tomó posesión del castillo en diciembre de 1464, lo primero que hizo fue fortificarlo. Construyó la falsabraga —una muralla exterior con cinco torres flanqueantes y troneras para artillería— y demolió la iglesia de San Nicolás para ampliar las defensas, con autorización del obispo Juan Arias Dávila. La entrada se diseñó como una trampa: un corredor de tres metros y medio de ancho con dos puertas en ángulo, de inspiración musulmana, que convertía cualquier asalto en un callejón sin salida.

Castillo de Cuéllar
Photo: Romerin, CC BY-SA 3.0. Source

Pero fueron sus descendientes quienes convirtieron la fortaleza en palacio. El tercer duque, Beltrán II, eliminó el adarve de la fachada sur y lo sustituyó por una galería abierta sobre los pinares de Cuéllar, obra del arquitecto Hernán González de Lara entre 1552 y 1557. En 1559, Rodrigo Gil de Hontañón levantó la célebre galería renacentista del patio de armas: dieciocho arcos elegantes en dos niveles que transformaron un espacio militar en un escenario de fiestas y hasta corridas de toros. El cuarto duque añadió la monumental Escalera Real, con balaustrada extremeña tallada en bloques únicos de piedra.

El lujo era extraordinario. La baronesa d'Aulnoy, viajera francesa que visitó España después de 1679, dejó escrito que «el Duque de Alburquerque pasó un mes y medio pesando e inventariando su vajilla de oro y plata, que comprendía 1.400 docenas de platos, 50 docenas de fuentes y 700 bandejas». La Armería Grande, en la crujía oriental, fue considerada una de las más ricas y variadas de España: trescientas armaduras, cañones de bronce, estandartes de tafetán, cimitarras, ballestas, e incluso unos huesos enormes de origen desconocido —posiblemente restos fósiles— que los visitantes contemplaban con asombro.

Castillo de Cuéllar
Photo: Jl FilpoC, CC BY-SA 4.0. Source

Guerras, prisiones y renacimiento

La Guerra de la Independencia castigó el castillo con brutalidad. El 1 de agosto de 1812, la caballería e infantería del Duque de Wellington cruzó Cuéllar en procesión victoriosa tras la Batalla de Arapiles, acuartelándose durante seis días. Pero los saqueos franceses de 1808 y 1813 vaciaron la Armería Grande —siete carros fueron necesarios para transportar su contenido a Valladolid— y las tropas napoleónicas forzaron las puertas del monasterio de Santa Clara y asaltaron la capellanía. El castillo que había sobrevivido a siglos de intrigas cortesanas fue despojado en meses.

El siglo XX trajo un capítulo más oscuro. En 1938, el régimen franquista convirtió el castillo en penitenciaría política y, más tarde, en sanatorio para presos tuberculosos. En 1957, cinco reclusos intentaron fugarse del Torreón de Santo Domingo descolgándose con nueve sábanas anudadas; las sábanas se rompieron, los presos fueron recapturados bajo fuego y dos murieron. La cárcel funcionó hasta 1966, dejando tras de sí un monumento mutilado: las modificaciones carcelarias habían alterado profundamente la estructura original.

Castillo de Cuéllar
Photo: Romerin, CC BY-SA 3.0. Source

Lo que guardan estos muros

La restauración de los años setenta eliminó los vestigios de la prisión y consolidó las estructuras en peligro de derrumbe. Desde 1975, el castillo alberga el IES Duque de Alburquerque, un instituto de educación secundaria donde los adolescentes de Cuéllar estudian entre artesonados del siglo XVI y muros de sillería gótica. Pero el castillo es mucho más que un centro educativo. En la Torre del Homenaje, la Fundación de la Casa Ducal de Alburquerque custodia desde 1999 uno de los archivos nobiliarios más importantes de España, fusionado con el Archivo Histórico Municipal y el de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar. La Oficina Municipal de Turismo ofrece visitas guiadas —incluidas las teatralizadas que se iniciaron con el Plan de Dinamización Turística de 1997— y el patio de armas acoge cada año la Feria de Artesanía, heredera de las ferias comarcales que se celebran aquí desde el siglo XIII.

Fuera, la Huerta del Duque —ocho hectáreas de parque cedidas al municipio en 2007 por el actual duque— conserva el molino de viento de la Torre del Cubo, cuya referencia documental de 1496 lo convierte en el más antiguo documentado de Castilla y León. Cada tercer fin de semana de agosto, la Feria Mudéjar Medieval devuelve al castillo y su explanada el bullicio de una villa medieval.

Un legado vivo

El Castillo de los Duques de Alburquerque no es una ruina romántica ni un museo congelado en el tiempo. Es un organismo vivo: un lugar donde conviven la enseñanza, la investigación histórica, el turismo cultural y la vida comunitaria de Cuéllar. Sus muros han albergado reyes, condestables, duquesas, escritores desterrados, generales victoriosos, presos políticos y, ahora, estudiantes que cruzan cada mañana el mismo arco conopial que atravesó Beltrán de la Cueva en 1464. Pocos monumentos españoles pueden contar una historia tan completa de lo que significa sobrevivir.

Este artículo nació, en parte, gracias a antiguas fotografías y grabaciones que salieron a la luz cuando alguien trajo sus recuerdos personales a digitalizar. Nos hizo preguntarnos cuántas imágenes más habrá ahí fuera —en desvanes, cajas de zapatos, armarios olvidados— vinculadas al Castillo de Cuéllar y su entorno. Si alguien conserva material antiguo relacionado con este monumento, servicios como EachMoment pueden ayudar a preservarlo para las generaciones futuras.

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